Siempre que me preguntan si sabía hablar la lengua cuando llegué allá hace doce años, digo que todo mi alemán se reducía a dos palabras: "Zutaten", por las etiquetas de las cajas de galletas, y "Volkswagen".
No es del todo cierto.
Cuando supe que ese sería mi destino, el 11 de septiembre de 1999, Salvador me dio un abrazo y preguntó:
'Seeker, ¿sabes alemán?'.
'No'.
'No te preocupes. Lo aprenderás. Das erste Wort; la primera palabra: Friede; Paz'.
Me ha acompañado desde entonces.
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