Y de golpe recordé que hubo un tiempo en el que yo solía sentarme en el sofá, al final del día...
No. No son los que llevo sin escribir aquí, por haber caído de nuevo -y van ya no sé cuántas veces- en la espiral interminable del trabajo... aunque parece que, por fin, vuelve la cordura.
Ayer cumplí 30 años.
Y ayer, por fin, casi nueve meses después, volví a saber de S. De forma totalmente inesperada, me hizo el mejor de los regalos que podría haber recibido: me devolvió la paz.


Me alegro.
Ése es un gran regalo, muy difícil de conseguir a veces.
¡Disfruta esta nueva década!
Un beso.