'¿Y no has vuelto a hablar con S.?'.
No. Ella no ha vuelto a dar señales de vida. Y yo no sabría qué decirle. En el fondo, aún duele. Tanto, que sé que me derrumbaría al oír su voz. Al verla delante. Un día se sinceró y me dijo algo que se me clavó en el alma. Mi vida es una mierda, salvo por ti. Después volvió la rutina: el cerrarse en banda, el negarse a hablar, a creer, a vivir conmigo. ¿Perdonarla? Tampoco sé si hay algo que perdonar. ¿Reprocharle algo? No. La quise tanto que me dejé el corazón abierto en carne viva. Y, objetivamente, no puedo obligar a nadie a que me quiera. No le guardo rencor. No podría.
Me quedan tres certezas: que, ahora, ya poco remedio tiene. Que, por la falta de comunicación, y aunque me negase a aceptarlo, estábamos abocados al fracaso casi desde el principio. Y que me dejó tan desubicado que no he hecho nada más que deambular de un lado para otro, en estos meses, incapaz de centrarme. Y una pregunta: cuando has cedido y renunciado a ser tú por el bien de los dos, ¿cómo vuelves a encontrarte?
with or without you, de u2
