Después de más de dos meses silente, de un modo u otro, esto se veía venir. Dicen que un blog muere tras 51 días de silencio. Si eso es cierto, el mío lleva ya unos cuantos criando malvas.
Y es que, poco a poco, ha ido perdiendo su sentido: la estabilidad con S., los amigos más cerca, el grupo de música y, sobre todo, la vista cansada después de horas y horas al día delante del teclado han producido lo inevitable.
Cierto que el futuro es incierto: mis inquietudes siguen intactas, también mi tendencia a hacer una maleta, una mochila y partir a la aventura. Tal vez esto no sea más que un hasta luego. Por lo de pronto, aquí se quedan estas 258 entradas, que me han sido testigos de mi vida durante casi tres años.
Tal vez vuelva de otra forma, en otro tiempo. Hasta entonces, quiero darles las gracias a todos los que se han pasado por aquí, más o menos a menudo. Todos habéis sido (y algunos lo sois todavía) parte de mí.
Seguiré buscando. Seguiré soñando.
Dream on, de Aerosmith
